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🍮28 de mayo de 2026🍮
JUAN 8:12-21
Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie. Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo, sino yo y el que me envió, el Padre. (JUAN 8:15-16)
LA RESPUESTA 3ra. Parte
Hay dos maneras de entender la declaración yo no juzgo a nadie. Primero: Podría significar que a nadie juzga según la carne (superficial o externamente) como lo hacían los fariseos. O el Señor habría querido decir que no juzgaba a nadie pues “no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Jn. 3:17; cp. 12:47; Lc. 9:56). Sin embargo, Jesús juzgará en el futuro, “porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo” (5:22; cp. v. 27; 9:39; Mt. 16:27; 25:31-46; Hch. 10:42; 17:31; Ro. 2:16; 2 Ti. 4:1). El segundo respaldo a la credibilidad del testimonio de Jesús tiene base en su naturaleza divina, de la cual es partícipe con el Padre. El Señor prosiguió diciendo: “Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo, sino yo y el que me envió, el Padre”. Afirmaba igualdad esencial con el Padre al insistir que era uno con Él. En 5:17 hizo una aseveración similar: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo”. Airados, “los judíos aún más procuraban matarle, porque no solo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios” (v. 18). El testimonio de Jesús era verdadero porque Él tenía la misma naturaleza del Dios vivo y verdadero (10:30). Continuará
🎵Eres Dios, eres Rey mi Señor, eres Dios; te adoro a ti, te adoro, todos verán y sabrán, que eres tú, Señor, sobre todo, Tú eres Dios. 🎵
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