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🍮12 de mayo de 2026🍮
JUAN 8:1-11
y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más. (JUAN 8:9b-11)
SU PERDÓN
Después que los escribas y fariseos se fueron, Jesús se quedó solo con la mujer, quien seguía en medio. El texto no dice si la multitud que había oído la enseñanza de Jesús (v. 2) también se fue. Independientemente de eso, el enfoque de la narración está en el Señor y la mujer. Por primera vez alguien se dirige a la mujer. Enderezándose de su posición cuando escribía, Jesús le dijo: “Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?”. El término mujer es una formalidad, una forma respetuosa de hablar (cp. Mt. 15:28; Lc. 13:12; 22:57), el mismo que Jesús usó con su madre (Jn. 2:4; 19:26), la mujer samaritana en el pozo (4:21) y María Magdalena (20:13, 15). Habiendo partido sus acusadores, ninguno quedaba para condenarla. Usando su prerrogativa divina para perdonar pecados (Mt. 9:6; cp. Jn 3:17; 12:47), Jesús le dijo: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más”. El perdón no implica licencia para pecar. Jesús no la condenó pero le ordenó abandonar su vida pecaminosa. Gerald L. Borchert escribe: Sin embargo, el veredicto de Jesús—“ni yo te condeno”—no era una absolución ni falta de condenación. De hecho, el veredicto era una imposición para que viviera de manera diferente a partir de ese momento (apo tou nun), para que no pecara más (mēketi hamartane). La obra liberadora de Jesús no era una excusa del pecado. El encuentro con Jesús siempre ha exigido la transformación de la vida, de alejarse del pecado… Jesús no trataba el pecado con ligereza, pero ofrecía a los pecadores la oportunidad de comenzar una vida nueva Como Pablo escribió en Romanos 6:1-2: “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?”. Esta historia es mucho más que un campo de batalla para los críticos textuales. Describe un cuadro maravilloso del Señor Jesucristo; aquí los temas centrales son su humildad misericordiosa, su sabiduría infinita, su discurso convincente y su perdón sensible. Todos los cristianos deben estar agradecidos porque Dios en su soberanía la preservó.
🎵Dame sabiduría Señor para entender tu palabra, dame de Tu humildad y tu amor, para amar a la humanidad.🎵