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🍮04 de septiembre de 2026🍮
JUAN 8:48-59
De cierto, de cierto os digo, que el que guardare mi palabra, no verá muerte para siempre. (JUAN 8:51)
LA DESHONRA 4ra Parte
Jesús hizo esta promesa a quienes le honran y le glorifican por obediencia a su llamamiento de salvación: “De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte”. Amēn, amēn (De cierto, de cierto), como ocurre siempre en el Evangelio de Juan (cp. vv. 34, 58; 1:51; 3:3, 5, 11; 5:19, 24-25; 6:26, 32, 47, 53; 10:1, 7; 12:24; 13:16, 20-21, 38; 14:12; 16:20, 23; 21:18), presenta una declaración de importancia mayor. El que guarda su palabra (es decir, la obedece; cp. v. 55; 14:15, 21, 23-24; 15:10, 20; Mt. 5:19) es un verdadero hijo de Dios (Jn. 1:12), está en su reino (3:3-5), es su verdadero discípulo (8:31) y nunca experimentará la separación eterna de Dios (Ap. 2:11; 20:6; cp. 20:14; 21:8). Jesús declaró a Nicodemo: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Jn. 3:16). En 5:24 reiteró esa verdad: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”. Jesús es “el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera” (6:50). Cuando confortaba a Marta después de la muerte de su hermano Lázaro, el Señor declaró: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (11:25-26). Aquí la declaración de Jesús solo es otra manera de expresar la verdad de que la vida eterna es el resultado de creer con humildad y obediencia en su Palabra y seguirlo (Mt. 19:29; 25:46; Jn. 3:15-16, 36; 4:14; 5:24; 6:27, 40, 47, 54, 63, 68; 10:10, 28; 17:2-3; Ro. 5:21; 6:23; 1 Ti. 1:16; Jn. 5:11-12). Aun a quienes rechazaban con desdén su Evangelio y lo deshonraban, Jesús ofrecía con misericordia la vida eterna; otra oferta que intensificaba la severidad del juicio eterno si lo rechazaban (Lc. 12:47-48). *Continuará*
🎵Nada retiene al descender, excepto su amor y su deidad; Todo lo entrega: gloria, prez, corona, trono, majestad. Ver redimidos es su afán los tristes hijos de Adán. ¿Hay maravilla cual su amor? ¡Morir por mí con tal dolor! 🎵 http://uncafecitonuevo.blogspot.com