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viernes, 18 de septiembre de 2026

EL PROPÓSITO 2da parte

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     🍮18 de septiembre de 2026🍮

JUAN 9:1-12

Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?   (JUAN 9:2) 

EL PROPÓSITO 2da parte

Trágicamente, también hay ocasiones en que los hijos se ven forzados a sufrir las consecuencias naturales de los pecados de los padres. Por ejemplo, los ojos de los bebés de madres con gonorrea se pueden infectar cuando están naciendo. Si no hay un tratamiento médico después del nacimiento, el resultado puede ser la ceguera. La salud de un bebé también puede afectarse por las madres fumadoras, y por el abuso de drogas y alcohol durante el embarazo. Los discípulos también podrían estar pensando en ciertos pasajes del Antiguo Testamento en que Dios parece prometer castigo sobre los hijos de los padres pecadores. En Éxodo 20:5 Dios le dijo a Israel: “Visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen”. Éxodo 34:7 repite la advertencia: Dios “de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación” (cp. Nm. 14:18; Dt. 5:9). Sin embargo, tales pasajes deben entenderse en un contexto nacional o de su sociedad. El asunto es que el efecto corruptor de una generación impía se filtra en las generaciones siguientes. Esta realidad es obvia y axiomática. La idea de que un niño reciba el castigo por los pecados de sus padres es un concepto ajeno a las Escrituras. Deuteronomio 24:16 ordena: “Los padres no morirán por los hijos, ni los hijos por los padres; cada uno morirá por su pecado” (cp. 2 Cr. 25:4). Dios declaró a través de Jeremías: “En aquellos días no dirán más: Los padres comieron las uvas agrias y los dientes de los hijos tienen la dentera, sino que cada cual morirá por su propia maldad; los dientes de todo hombre que comiere las uvas agrias, tendrán la dentera” (Jer. 31:29-30). Ezequiel 18:20 añade: “El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él”. Continuará.

 

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