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🍮 13 de febrero 2026🍮
JUAN 7:1-13
Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos; y le dijeron sus hermanos: Sal de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces. (JUAN 7:2-3)
La fiesta de los tabernáculos, también llamada fiesta de las enramadas o de la cosecha, duraba siete días durante el mes judío de tishri (septiembre-octubre) y el octavo día había una fiesta especial (Lv. 23:33- 36; Neh. 8:18). Durante la fiesta, las personas construían refugios hechos con ramas y vivían en ellos (Lv. 23:42), como lo habían hechos sus ancestros tras salir de Egipto (v. 43). Los habitantes de la ciudad construían sus enramadas en las azoteas de sus casas, en las calles y en las plazas (Neh. 8:14-17). De acuerdo con Josefo, historiador judío del siglo I, la fiesta de los tabernáculos era la más popular de las tres grandes festividades judías. Había celebraciones y fiestas y se llevaban a cabo rituales de esparcir agua y alumbrar con faroles (cp. Jn. 7:37-38; 8:12). En el reino milenario se volverá a celebrar la fiesta de los tabernáculos, en honor al Mesías, quien habita en medio de su pueblo y de las naciones partícipes de su reino (Zac. 14:16-19). Como la fiesta estaba cerca y era una de las tres en que se pedía que todos los hombres judíos asistieran (Dt. 16:16; cp. Éx. 23:14-17; 34:22- 24), los hermanos de Jesús supusieron que Él saldría de Galilea e iría a Judea para celebrarla. Los hermanos de Jesús eran medio-hermanos, los hijos de María y José. Mateo 13:55 menciona sus nombres: Santiago, José, Simón y Judas. Aunque en aquel momento no creían en Él, después sí lo harían (Hch. 1:14). Dos de sus hermanos escribieron las epístolas que llevan sus nombres (Santiago y Judas) y Santiago se convirtió en la cabeza de la iglesia de Jerusalén (Hch. 12:17; 15:13; 21:18; cp. Gá. 1:19; 2:9). Los hermanos de Jesús lo retaron a realizar sus milagros abiertamente en ese escenario grande en que se convertía Jerusalén durante la fiesta de los tabernáculos. Razonaban ellos que entonces los discípulos de Jesús, de Galilea y Judea, verían las obras que Él hacía; obras que demostraban que, en efecto, Él era el Mesías. Más aún, podían recuperarse algunos de los discípulos que lo habían abandonado recientemente (6:66). Los hermanos del Señor no sentían celo porque Jesús mostrara su gloria, como podrían algunos pensar erradamente. Todo lo contrario, ni siquiera creían en Él aún (v. 5). Continuará
🎵//Vamos a la casa de David ministra la presencia del Señor cantando alabanzas, con pandero y arpa en alegre danza cantare // //En el Tabernáculo de David Dios es Exaltado ahí. //🎵
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