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martes, 10 de marzo de 2026

LA MULTITUD

  👣UN CAFECITO NUEVO CADA MAÑANA👣

         🍮 10 de marzo 2026🍮


JUAN 7:1-13

Respondió la multitud y dijo: Demonio tienes; ¿quién procura matarte? (JUAN 7:20) 

El objetivo de la ley de Moisés era revelar el pecado, no salvar. Los judíos la habían pervertido para hacerla un medio para obtener la salvación y se negaban a ser culpados por ella y dirigidos a la misericordia de Dios en Jesús, el Mesías. No importaba cuánto estudiaran la ley o se esforzaran en aplicarla, era claro que habían fracasado. Se negaban a aceptar que la ley hiciera la labor para la cual fue dada: convencerlos, humillarlos y llevarlos al arrepentimiento y a la fe en Jesús. Él era el final de la ley (Ro. 10:4). Pero estaban tan lejos de entender el propósito de la ley que rechazaron al único que podía librarlos de la condenación de la ley y buscaban matarlo. La sentencia de nuestro Señor vino en forma de pregunta: “¿Por qué procuráis matarme?”. Se enorgullecían de ser discípulos de Moisés (9:28; cp. 5:45; Mt. 23:2), pero su tratamiento hacia Jesús era una afrenta al Dios que dio la ley y envió a su Hijo para librarlos de la maldición (cp. Mt. 23:2-4; Ro. 2:23-24). Específicamente, buscaban matar al Señor y probaron ser blasfemos, descendientes indignos de Moisés y también de Abraham (8:40). Eran ciegos a la verdad de sus propias Escrituras, como lo indicó Jesús en varias ocasiones (cp. Jn. 5:39; Lc. 16:29; 24:27). La multitud afirmaba la precisión de la acusación al mostrar su corazón sin gracia. Respondió con incredulidad ignorante: “Demonio tienes (cp. 8:48, 52; 10:20); ¿quién procura matarte?”. Les molestó su argumento y lo acusaron de estar poseído por un espíritu maligno, después de paranoia irracional. Aunque las personas comunes y corrientes no estaban de acuerdo con las intenciones asesinas de sus líderes en aquella época, al final rechazaron a Jesús con el mismo entusiasmo cuando los líderes los manipularon para pedir a gritos su crucifixión (Mr. 15:11). La sentencia de culpa por violar la ley se confirma por el odio hacia el Hijo de Dios, quien cumplió la ley sin faltas (Mt. 3:17; He. 7:26).  Continuará

 

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