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🍮 12 de febrero 2026🍮
JUAN 7:1-13
Después de estas cosas, andaba Jesús en Galilea; pues no quería andar en Judea, porque los judíos procuraban matarle. (JUAN 7:1)
SEGUNDA PARTE
La Iglesia cristiana es en gran medida el legado de esos once hombres (más Matías [Hch. 1:26] y Pablo [1 Co. 9:11]), quienes hicieron discípulos que hicieron otros discípulos, y así sucesivamente por todos los siglos hasta nuestros días. El discipulado debe ser una prioridad también para la Iglesia. La comisión del Señor para la Iglesia no fue la de atraer a grandes multitudes, sino la de ir y hacer discípulos (Mt. 28:19). Del mismo modo, Pablo le encargó al joven pastor Timoteo: “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2 Ti. 2:2). La medida del éxito de una iglesia no es el tamaño de su congregación, sino la profundidad de su discipulado.
Además de instruir a los doce, Jesús también se quedó en Galilea y no quería andar en Judea, porque los judíos constantemente procuraban matarle. Al menos en Judea los sentimientos de hostilidad hacia el Señor ya habían llegado al punto en que los líderes judíos lo querían muerto (cp. 5:18). Por lo tanto, Jesús no quería andar (esto es, vivir y ministrar) abiertamente allí, porque no había llegado el tiempo determinado en el plan de Dios para los acontecimientos que llevaran a su muerte. Por supuesto, Él estaba dispuesto a morir, esa es la razón por la cual vino al mundo (Jn. 12:27; cp. Mt. 20:28). Como escribió Juan Calvino, “Aunque Cristo evitó los peligros, no se apartó ni un cabello del curso de su deber”. Jesús no probaría a Dios antes de que llegara su hora (Mt. 4:5-7). Continuará
🎵Es la imagen de Jesús que está en mi hermano, el amor y la confianza del Señor; cuidaré de no venderlo y traicionarlo, Él es templo del Espíritu de Dios.🎵
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