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🍮30 de abril de 2026🍮
JUAN 8:1-11
Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. (JUAN 8:7-8)
SU SABIDURÍA 5ta Parte
Sin duda, los escribas y fariseos estaban confundidos con el silencio de Jesús. Tal vez pensaron que no sabía cómo responder y que lo habían atrapado en un dilema, luego los escribas y fariseos insistían en preguntarle. Jesús, siempre dueño de la situación, siguió callado y les permitió revelar sin equívocos su odio e hipocresía con su insistencia en atacarlo. Al final, se enderezó; sin duda clavó la mirada en sus oponentes y les dijo: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella”. Después de hacer semejante comentario tan inesperado e impresionante, se inclinó con calma de nuevo, siguió escribiendo en tierra y no dijo nada. La respuesta del Señor fue simple pero profunda. Mantenía la ley, porque no negó la culpa de la mujer, y la ampliaba, porque expuso los pecados de sus acusadores. También evitaba la acusación de instigar una ejecución que violaría la ley romana pues el Señor les devolvió la responsabilidad a los acusadores. Y en un acto de misericordia evitó que la mujer fuera lapidada por su pecado. Jesús sabía que, de acuerdo con la ley, los testigos de un delito de pena capital deberían ser los primeros en lanzar piedras a la persona culpable (Dt. 13:9; 17:7). Obviamente, no podían ser partícipes del delito o también podían ser ejecutados. Jesús no estaba haciendo de la perfección impecable un requisito para hacer cumplir la ley (de lo contrario nadie podría hacerla cumplir). Entonces, puede ser que los acusadores de la mujer fueran los mismos culpables del adulterio (si no del acto físico, al menos sí de la lujuria del corazón [Mt. 5:28]). La respuesta magistral de Jesús no minimizaba la culpa de la mujer ni negaba la santidad de la ley. Pero con su revelación les quitaba a los escribas y fariseos el fundamento por el cual eran jueces y ejecutores, no se ajustaban a ello. Eran culpables de la hipocresía que el apóstol Pablo condenó en Romanos 2:1: “Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo” (cp. Mt. 7:1 5). Continuará
🎵Dame sabiduría Señor para entender tu palabra, dame de Tu humildad y tu amor, para amar a la humanidad.🎵
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