👣UN CAFECITO NUEVO CADA MAÑANA👣
🍮2 de abril de 2026🍮
JUAN 7:37-52
En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. (JUAN 7:37)
Cada día de la fiesta el sumo sacerdote sacaba agua del estanque de Siloé y la llevaba, en procesión, hasta el templo. En la puerta del Agua (al sur del atrio interno del templo) se tocaba tres veces el shofar (una trompeta hecha con el cuerno de un carnero) para marcar la alegría de la ocasión. También se recitaba Isaías 12:3 (“Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación”). En el templo los sacerdotes marchaban alrededor del altar mientras el coro del templo cantaba el Hallel (Sal. 113 —118). Entonces el agua se derramaba como ofrenda a Dios. Fue en el contexto de esta ceremonia que Jesús dijo las impresionantes palabras “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba”. Si hizo esta invitación en el séptimo día de la fiesta, habría coincidido con la ceremonia final del agua (en el séptimo día los sacerdotes marchaban siete veces alrededor del altar antes de derramar el agua). Nuestro Señor estaba invitando a las almas sedientas a venir a Él por agua espiritual, dadora de vida, en lugar de ir por el agua física y temporal de la ceremonia. Si fue al octavo día (cuando no había ceremonia), puede que el anuncio no hubiera sido tan dramático, pero las personas aún podían hacer la conexión con la extracción del agua cada día del ritual. En cualquier caso, Jesús cambió el enfoque; pasó de la necesidad de las bocas secas en el desierto a la necesidad espiritual de agua viva en las almas sedientas. Tres palabras clave resumen la invitación de Jesús al evangelio. Primero, el que tiene sed es aquel que reconoce su sed espiritual (cp. Is. 55:1; Mt. 5:6). Segundo, si quieren encontrar alivio, tales individuos deben venir a Jesús, la única fuente de agua viva. Pero no todos los que reconocen su necesidad y se acercan a Él calman su sed. Aunque el joven rico vino “corriendo, [hincó] la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?”, al final “se fue triste” (v. 22) sin saciar su sed. Habiéndose acercado a Cristo, no estaba dispuesto a dar el tercer paso crítico de beber; esto es, apropiarse de Él por la fe. Solo quien lo haga recibirá el agua viva en Cristo; todos los otros serán falsos discípulos (6:53), cuyo arrepentimiento no es sincero ni completo. El “arrepentimiento para vida” (Hch. 11:18) que culmina en “el perdón de pecados” (Lc. 24:47) requiere más que el simple remordimiento. Quienes manifiestan el arrepentimiento genuino reconocen ante el Dios santo la sed profunda de su culpa personal, se dan cuenta de que no pueden hacer nada para evitar el juicio que les es adverso. Continuará.
🎵/Dame del agua que salta para la vida eterna,/ /Del agua que le diste a la samaritana./🎵
http://uncafecitonuevo.blogspot.com
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