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🍮 20 de enero de 2026🍮
JUAN 6:51-59
El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. (JUAN 6:54)
En los versículos 53-56 Jesús hizo cuatro promesas para quienes comieran su carne y bebieran su sangre. La primera viene dada de forma negativa: quienes rechacen a Jesús no tendrán vida en ellos. Por el lado opuesto, quienes se apropian por fe, tienen esa vida. El Señor les garantiza desde ahora la vida abundante (5:24; 10:10). La segunda promesa es que quien come su carne y bebe su sangre, tiene vida eterna. La vida abundante que experimentan los creyentes en el presente no terminará con la muerte, se expandirá hasta su plenitud y durará para siempre. Es obvio que este versículo no describe un acto ritual cuando se compara con el versículo 40. Los resultados en los dos versículos son los mismos: vida eterna y resurrección. Pero en el versículo 40 esos resultados vienen de ver y creer en el Hijo, mientras que en el versículo 54 vienen de comer su carne y beber su sangre. Entonces, se sigue que comer y beber en el versículo 54 son paralelos con ver y creer en el versículo 40. La tercera promesa, que Cristo resucitará en el día postrero a todos los que comen su carne y beben su sangre, se repite por cuarta vez en este pasaje (vv. 39-40, 44). La resurrección para vida eterna es la gran esperanza del creyente (Hch. 23:6; 24:15; cp. Tit. 2:13; 1 P. 1:3); sin ella, el evangelio cristiano no significa nada. Pablo escribió a algunos de los corintios que cuestionaban la resurrección: (1 Co. 15:12- 19). Continuará
🎵Eres mi sanador, mi libertador, venciste en esa cruz mi victoria está en ti.🎵
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