👣UN CAFECITO NUEVO CADA MAÑANA👣
🍮 19 de enero de 2026🍮
JUAN 6:51-59
Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. (JUAN 6:53)
Aunque se enfrentaba a su incredulidad intencional, Jesús no bajó el tono, suavizó o aclaró sus palabras. En lugar de eso, hizo sus enseñanzas más difíciles de tragar agregando el concepto escandaloso de beber su sangre. Beber sangre o comer algo que todavía tuviese sangre estaba estrictamente prohibido por la ley en el Antiguo Testamento: (Levítico 17:10-14; cp. 7:26-27; Gn. 9:4; Dt. 12:16, 23-24; 15:23; Hch. 15:29). Por supuesto, Jesús no estaba hablando de beber literalmente el fluido de sus venas, como no estaba hablando de comer su carne literalmente. Las dos metáforas se refieren a la necesidad de aceptar el sacrificio de Cristo. En el Nuevo Testamento el término sangre es con frecuencia una metonimia gráfica de la muerte de Cristo en la cruz como sacrificio supremo por el pecado (Mt. 26:28; Hch. 20:28; Ro. 3:25; 5:9; 1 Co. 11:25; Ef. 1:7; 2:13; Col. 1:20; He. 9:12, 14; 10:19, 29; 13:12; 1 P. 1:2, 19; 1 Jn. 1:7; Ap. 1:5; 5:9; 7:14; 12:11). Su sacrificio era al que apuntaban todos los sacrificios del Antiguo Testamento. Pero el concepto de Mesías crucificado era un gran obstáculo para Israel. Cuando el Señor dijo: “Yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo” (Jn. 12:32), “le respondió la gente: Nosotros hemos oído de la ley, que el Cristo permanece para siempre. ¿Cómo, pues, dices tú que es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado? ¿Quién es este Hijo del Hombre?” (v. 34). Debería notarse que los verbos traducidos coméis y bebéis son aoristos, no tiempos verbales presentes. Eso sugiere una apropiación de una única vez para la salvación de Cristo, no comer ni beber continuamente su cuerpo y su sangre, como se representa en la misa católica. Continuará
🎵Por tus llagas yo soy sano, por tu sangre yo soy limpio, Dios eres mi sanador🎵
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