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🍮 9 de diciembre de 2025🍮
JUAN 6:30-50
Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. (JUAN 6:35)
Su estupidez y falta de entendimiento llevó al Señor a declararles sin ambigüedades: “Yo soy el pan de vida”. El Señor no se había referido al pan real, como ellos pensaron erradamente, sino a sí mismo; Él es el pan que antes había prometido darles (v. 27). No había pan, maná, ni pan ni peces como los que el Señor había creado la noche anterior (6:1-13) que pudieran satisfacer de modo permanente su hambre física. Entonces, cuando el Señor les declaró que quienes vinieran a Él nunca volverían a tener hambre ni sed, no podía estar hablando del cuerpo, sino del alma. Aquí, como en Mateo 5:6, la necesidad humana de saber se expresa metafóricamente como hambre y sed (cp. Sal. 42:1-2; 63:1). Los dos verbos simples del versículo 35 definen la parte del hombre en el proceso de salvación: viene y cree. Ir a Cristo es olvidar la vieja vida de pecado y rebelión y someterse a Él como Señor. Aunque Juan no usa el término “arrepentimiento” en su Evangelio, el concepto está implícito en la idea de ir a Cristo (cp. 1 Ts. 1:9). En palabras de Charles Spurgeon, “Usted y su pecado deben separarse o Dios y usted nunca estarán juntos”. Creer en Cristo es confiar completamente en Él como Mesías e Hijo de Dios y reconocer que la salvación viene solo por medio de la fe en Él (14:6; Hch. 4:12). El arrepentimiento y la fe son los dos lados de la misma moneda; arrepentirse es darle la espalda al pecado y creer es mirar al Salvador. Son inseparables. Esta es la primera de siete declaraciones muy importantes en el Evangelio de Juan donde “Yo soy” se une con metáforas para expresar la obra de Cristo como Salvador Además del pan de vida Jesús también usó la expresión “Yo soy” para describirse como “la luz del mundo” (8:12), “la puerta de las ovejas” (10:7, 9), “el buen pastor” (10:11, 14), “la resurrección y la vida” (11:25), “el camino, y la verdad, y la vida” (14:6) y “la vid verdadera” (15:1, 5). Jesús también usó egō eimi (“Yo soy”) en un sentido absoluto y sin calificativos (4:26; 8:24, 28, 58; 13:19; 18:5-8) para apropiarse del nombre de Dios en el Antiguo Testamento (Éx. 3:14). Continuará
🎵Es Jesús el pan de vida, el maná de mi desierto, mi energia, mi sustento.🎵
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