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miércoles, 8 de octubre de 2025

LAS ESCRITURAS

 👣UN CAFECITO NUEVO CADA MAÑANA👣

           🍮 8 de octubre  de 2025🍮


JUAN 5:30-47

Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida. (JUAN 5:39-40) 

Conocer las Escrituras, sin aceptarlas de corazón (Jos. 1:8; Sal. 1:2; 119;11, 15, 97) y actuar basados en ellas, no traerá las bendiciones de la salvación. En palabras de Aelfric, un teólogo inglés del siglo X, “Entonces, feliz aquel que lee las Escrituras, si convierte las palabras en acciones”. Aunque el verbo griego que se traduce escudriñad podría ser imperativo o indicativo, se entiende mejor en el segundo sentido. Jesús no les estaba ordenando escudriñar las Escrituras, sino señalando que ya lo estaban haciendo en una búsqueda inútil por encontrar la clave de la vida eterna (cp. Mt. 9:16; Lc. 10:25). Irónicamente, a pesar de todo el laborioso esfuerzo de ellos, fracasaron por completo en entender que son las mismas Escrituras las que dan testimonio de Jesús (1:45; Lc. 24:27, 44; Ap. 19:10). En particular, los fariseos eran fanáticos en su preocupación con las Escrituras, estudiaban cada línea, cada palabra e incluso las letras en un esfuerzo vacío por entender la verdad. La Biblia no se puede entender apropiadamente sin la iluminación del Espíritu Santo o una mente transformada. El celo de los judíos por las Escrituras era encomiable (cp. Ro. 10:2), pero como no querían venir a Jesús (cp. 1:11; 3:19), la única fuente de la vida eterna (14:6; Hch. 4:12), ese celo no acababa en salvación. Al aferrarse a su sistema superficial de justificarse a sí mismos mediante obras, en su incredulidad porfiada, se volvieron ignorantes de “la justicia de Dios, y [procuraron] establecer la suya propia” (Ro. 10:3). Pero la justicia propia no puede salvar a nadie, pues “todas nuestras justicias [son] como trapo de inmundicia” (Is. 64:6) y “cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos” (Stg. 2:10). Por tanto, la salvación no proviene de tener la “propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe” (Fil. 3:9; cp. Ro. 3:20-30).   Continuará

🎵 Tu palabra es como aceite sobre mis heridas, es el agua en el desierto y  el calor en el invierno

Tu palabra 🎵

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